2.1. Concepto y genética
Es la miocardiopatía genética más frecuente: afecta aproximadamente a 1 de cada 500 personas. Se define por un grosor máximo de la pared del ventrículo izquierdo ≥15 mm en cualquier segmento, medido en diástole, sin causa de sobrecarga que lo justifique (estenosis aórtica, HTA larga evolución mal controlada…). En los familiares de primer grado de un paciente ya diagnosticado el umbral baja a ≥13 mm, porque en ellos la probabilidad previa de enfermedad es mucho mayor.
La herencia es autosómica dominante y los genes implicados codifican proteínas del sarcómero, sobre todo la cadena pesada de la betamiosina (MYH7) y la proteína C fijadora de miosina (MYBPC3). Autosómica dominante significa que cada hijo de un paciente tiene un 50 % de probabilidad de heredar la variante, y de ahí la obligación del cribado familiar.
2.2. Obstrucción, clínica y exploración
En dos tercios de los pacientes la hipertrofia del septo, junto con el desplazamiento anterior de la válvula mitral en sístole (fenómeno de SAM, systolic anterior motion), obstruye la salida del ventrículo izquierdo. La obstrucción es dinámica: aumenta con todo lo que reduce la precarga o la poscarga (Valsalva, bipedestación, deshidratación, vasodilatadores) y disminuye con lo contrario. El SAM arrastra además la valva mitral y produce una insuficiencia mitral dirigida hacia atrás (Tema 11).
Los síntomas son disnea de esfuerzo, angina con coronarias normales, presíncope y síncope de esfuerzo. El síncope de esfuerzo es un dato de alarma y obliga a estudiar el riesgo de muerte súbita.
En la exploración se ausculta un soplo sistólico eyectivo en el borde esternal izquierdo que aumenta con la maniobra de Valsalva y disminuye al ponerse en cuclillas. Es justo lo contrario de lo que hace el soplo de la estenosis aórtica, y es la maniobra que se explica en el Tema 0. El pulso carotídeo, además, es de ascenso rápido y bífido, no parvus et tardus, que se presenta en la estenosis aortica grave (y donde también se objetiva soplo sistólico) (Tema 9).
2.3. Pruebas complementarias
ECG: casi siempre anormal. Criterios de hipertrofia ventricular izquierda, ondas Q patológicas en cara inferior y lateral, y ondas T negativas. En la variante apical, ondas T negativas gigantes en precordiales. Un ECG normal hace el diagnóstico poco probable.
Ecocardiograma: es la prueba diagnóstica. Mide el grosor, identifica el SAM y cuantifica el gradiente en el tracto de salida. Un gradiente ≥30 mmHg se considera significativo; si en reposo no lo hay, se provoca con Valsalva o con esfuerzo.
Resonancia magnética cardíaca: valora los segmentos que el ecocardiograma no ve bien y cuantifica la fibrosis mediante realce tardío de gadolinio, que es un dato de riesgo arrítmico.
Holter y ergometría (ampliación): buscan taquicardia ventricular no sostenida y respuesta anómala de la presión arterial al esfuerzo, dos de los factores que entran en el cálculo del riesgo.
2.4. Tratamiento
Lo primero es lo que no hay que dar a un paciente obstructivo: vasodilatadores, nitratos y diuréticos a dosis altas, porque al reducir la precarga y la poscarga aumentan la obstrucción.
Betabloqueantes no vasodilatadores: primera línea en el paciente sintomático. Alargan la diástole y reducen el gradiente.
Verapamilo o diltiazem: alternativa si hay intolerancia a los betabloqueantes.
Disopiramida: se añade si persisten los síntomas, por su efecto inotrópico negativo.
Inhibidores de la miosina cardíaca (mavacamtén) (ampliación): segunda línea en la miocardiopatía hipertrófica obstructiva sintomática. Actúan sobre el mecanismo de la enfermedad, no solo sobre sus consecuencias.
Reducción septal: miectomía quirúrgica o ablación septal con alcohol, reservadas al paciente con gradiente ≥50 mmHg y síntomas que no responden al tratamiento médico.
En la fibrilación auricular, estos pacientes se anticoagulan con independencia de la puntuación CHA₂DS₂-VA: el riesgo embólico es alto por sí mismo (Tema 19).
2.5. Prevención de la muerte súbita
Es la decisión más importante del tema. En prevención secundaria, es decir, tras una parada cardíaca recuperada o una taquicardia ventricular sostenida con compromiso hemodinámico, el desfibrilador automático implantable (DAI) está indicado sin discusión. En prevención primaria se calcula el riesgo a cinco años con una escala validada que combina edad, grosor máximo, diámetro de la aurícula izquierda, gradiente, síncope inexplicado, taquicardia ventricular no sostenida e historia familiar de muerte súbita. Un riesgo ≥6 % a cinco años se considera alto y hace razonable implantar un DAI; por debajo del 4 % es bajo; entre ambos, la decisión se individualiza (Tema 20).