Es el más frecuente y el más benigno. Un estímulo desencadena un reflejo inapropiado que produce vasodilatación, bradicardia o ambas cosas, y con ello la caída de la perfusión cerebral. Tiene tres formas:
Vasovagal: el clásico. Desencadenado por bipedestación prolongada, calor, ambientes cerrados, dolor, emoción intensa o extracción de sangre. Los pródromos son muy característicos: calor, náuseas, sudoración fría, palidez, visión borrosa o en túnel y zumbido de oídos. Después queda astenia durante minutos u horas.
Situacional: ligado a una maniobra concreta, casi siempre con aumento de la presión intratorácica: tos, micción, defecación, deglución o risa.
Síndrome del seno carotídeo: propio del varón mayor. Se explora con el masaje del seno carotídeo, indicado en mayores de 40 años con síncope de mecanismo desconocido; es diagnóstico si reproduce el síncope con una pausa mayor de 3 segundos o una caída de la presión sistólica superior a 50 mmHg. No se hace si hay soplo carotídeo o antecedente de ictus reciente.
Tratamiento. Lo primero y más eficaz es explicar al paciente que es benigno, porque buena parte del problema es el miedo a repetirlo. A eso se añade reconocer y evitar los desencadenantes, una ingesta generosa de líquidos y de sal salvo contraindicación, y las maniobras de contrapresión física en cuanto empiezan los pródromos: cruzar las piernas y tensarlas, o apretar con fuerza una pelota o las manos entre sí. Si hay pródromos, tumbarse a tiempo evita el episodio.
Casos rebeldes (ampliación): en pacientes seleccionados pueden emplearse fludrocortisona o midodrina. El marcapasos solo tiene sentido en mayores de 40 años con síncopes recurrentes y una forma cardioinhibidora documentada, es decir, con asistolia registrada durante el episodio (Tema 21). Es una indicación estrecha y con frecuencia mal entendida: la mayoría de los síncopes vasovagales no se tratan con marcapasos.