Para que se desarrolle una endocarditis infecciosa se requieren tres elementos:
- Lesión endotelial (daño valvular) que expone el tejido subendotelial.
- Bacteriemia (presencia de microorganismos en sangre) que alcanza la lesión.
- Formación de un biofilm que protege a los microorganismos de los mecanismos de defensa.
Mecanismo de formación de la vegetación:
En primer lugar, se produce el daño endotelial (por válvula degenerativa, prótesis, enfermedad reumática, etc.) que provoca una exposición del colágeno y factor tisular, lo que conduce a la activación plaquetaria y su agregación, con posterior depósito de fibrina. Esto da lugar a una endocarditis trombótica no bacteriana (aséptica).
En un segundo momento, se produce la adhesión de microorganismos a la superficie lesionada (procedentes de una bacteriemia), lo que supone la colonización y proliferación en la válvula, formándose una vegetación infecciosa.

Figura 1. Endocarditis sobre válvula nativa. Vegetaciones en válvula mitral y aórtica; el detalle amplía la masa de plaquetas, fibrina y microorganismos adherida a los velos y al aparato subvalvular.
La vegetación puede:
- Aumentar de tamaño y causar obstrucción (raro) o insuficiencia valvular.
- Embolizar a distintos territorios (cerebro, riñón, bazo, extremidades, pulmón en endocarditis derecha).
- Extenderse al miocardio (abscesos), al pericardio (pericarditis), al sistema de conducción (bloqueos) o a estructuras adyacentes (fístulas, pseudoaneurismas).
La bacteriemia persistente estimula al sistema inmune con formación de inmunocomplejos que pueden causar:
- Glomerulonefritis (insuficiencia renal).
- Manifestaciones cutáneas (nódulos de Osler, manchas de Roth, etc.).
- Artralgias, factor reumatoide positivo.